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Con la llegada del sol, ¿cómo proteger a toda la familia?

El sol es indispensable para la vida

Tenemos una necesidad imperante de sol. Su radiación luminosa sincroniza nuestro reloj interno, regula nuestra producción de hormonas, nuestro sueño y también nuestro humor. En efecto, ¿quién no ha experimentado alguna vez la famosa depresión invernal, que desaparece rápidamente en cuanto llega el buen tiempo? Los rayos UV (ultravioleta) del sol también son necesarios para la síntesis de vitamina D por la piel. Esencial para nuestro cuerpo, participa en la fijación del calcio en los huesos y en la activación del sistema inmune.

 

Pero el sol también tiene efectos nocivos sobre nuestra piel a corto y largo plazo.

Los rayos UV de tipo B (UVB) penetran en las capas superficiales de la piel (epidermis), pero sólo un 10% alcanzan las capas profundas de la piel (dermis). Al entrar en las células, los rayos UVB causan daños provocando una reacción inflamatoria (dilatación de los vasos sanguíneos y enrojecimiento de la piel) más conocida como "insolación". Los rayos UVB también causan alteraciones del ADN que, a largo plazo, pueden derivar en mutaciones capaces de provocar la aparición de cáncer de piel. Los rayos UV de tipo A (UVA), por su parte, penetran profundamente en la piel y provocan daños en la dermis y epidermis. Son responsables de un estrés oxidativo, es decir, de una formación excesiva de radicales libres. Los radicales libres son moléculas inestables que atacan al ADN, modifican el funcionamiento de las células o las matan. Esto puede traducirse a corto plazo en alergias solares (fotodermatitis) y a más largo plazo en la aparición de cáncer de piel. Los radicales libres también son responsables del envejecimiento acelerado de la piel: disminución de la producción de colágeno y elastina, piel más fina y más seca, manchas marrones y arrugas más marcadas.

 

¿Cuáles son las armas de la piel frente a los rayos UV?

Las células de la piel poseen una serie de defensas contra los rayos UV. Los melanocitos, células especializadas de la epidermis, producen un pigmento marrón-negro, la melanina, en reacción a la exposición a los rayos UV. Estos pigmentos se distribuyen de forma progresiva en las células vecinas provocando el oscurecimiento de la epidermis (bronceado). Desplegándose como sombrilla por encima del núcleo de las células, la melanina absorbe una parte de los rayos UVB para proteger el ADN, pero esta defensa es bastante limitada y se ve rápidamente superada. Contra el exceso de radicales libres inducidos por las radiaciones UVA, las células disponen de un arsenal de moléculas capaces de neutralizar sus efectos dañinos: algunas enzimas producidas por nuestras células (superóxido dismutasa, Glutatión peroxidasa…), junto con antioxidantes como las vitaminas C y E, los oligoelementos (zinc y selenio), los carotenoides (beta-caroteno, licopeno, luteína) o los polifenoles.

 

¿Cómo protegerse de los efectos nocivos de la radiación ultravioleta?

Tumbarse al sol con un buen libro, jugar al fútbol en el jardín o dar un paseo en bicicleta, un sinfín de agradables posibilidades que se abren con el regreso del buen tiempo, pero nunca sin una protección completa y adecuada. El empleo de una protección solar (fotoprotección) externa debe ser el primer reflejo: Evitar la exposición entre 12h y 16h, usar ropa de malla apretada, sombreros de ala ancha y anteojos con protección anti-UV, a lo que hay que añadir la aplicación de una crema solar de alta protección (SPF 50/50+) cada 2 horas, después de cada baño o al practicar una actividad deportiva (transpiración). Pero las pantallas solares sólo protegen parcialmente de los UVA. Para impedir la acción nefasta de los radicales libres y el envejecimiento acelerado de la piel debemos velar por nuestra fotoprotección interna consumiendo suficientes antioxidantes. Sin embargo, nuestra alimentación actual sufre a menudo de una marcada carencia de micronutrientes (solo 1 adulto de cada 4 come al menos 5 frutas y verduras por día1). El consumo de un complemento alimenticio rico en antioxidantes (betacaroteno, vitamina C y E, zinc, selenio) en previsión de, durante o después de una exposición prolongada al sol puede resultar interesante para limitar el estrés oxidativo producido por los UV*.

*No exime de una alimentación variada y equilibrada y de un modo de vida sano.

 

Focus Niños

Los niños son especialmente vulnerables frente al sol: su piel es mucho más fina, más sensible y sus defensas naturales aún no están totalmente operativas. Se estima que el 80% de los daños de la piel relacionados con el sol son provocados durante la infancia y que las insolaciones recibidas antes de los 20 años aumentan considerablemente el riesgo de cáncer de piel a la edad adulta. Ahora bien, los niños pasan en promedio 55 días por año al sol1, en particular durante las vacaciones de verano, cuando a menudo es difícil asegurar una protección solar eficaz. En efecto, aunque los padres conocen perfectamente las recomendaciones, sólo el 70% de ellos confirma volver a aplicar la crema solar a sus hijos al menos cada 2 horas2. Además, también es difícil seguir estas recomendaciones, por ejemplo, cuando los niños están bajo la supervisión de otros adultos distintos de los padres (centro de día, con los abuelos) o cuando la exposición al sol es menos evidente (en el jardín, en la montaña, en actividades deportivas). Como complemento de las recomendaciones de protección externa, no debe descuidarse la protección interna en los niños. Sin embargo, estos últimos tienen un aporte insuficiente de frutas y verduras fuentes de antioxidantes: sólo 6% de los niños consumen al menos 5 frutas y verduras al día y 45% consumen menos de 2 al día1. Para combatir el estrés oxidativo producido por el sol (fotoprotección interna) debe contemplarse el consumo de un complemento alimenticio*.

1 Estudio CREDOC (2017) Frutas y verduras: los franceses siguen cada vez menos la recomendación.

2 Evolución de las medidas de protección solar para los niños (2015). Estudio por Lebbe C y colaboradores.

*No exime de una alimentación variada y equilibrada y de un modo de vida sano.

 

Las recomendaciones para los niños

• Los lactantes nunca deben estar expuestos directamente al sol. Para los niños, limitar la duración de exposición y evitar en lo posible la exposición entre 12 y 16 h.

• Independientemente de la hora y el lugar de exposición, los niños deberán llevar un sombrero y gafas de sol con un filtro anti-UV. La ropa protectora protege muy bien de la radiación ultravioleta.

• Completar estas recomendaciones utilizando una crema solar con factor de protección elevado (SPF 50/50+). Debe ser aplicada y renovada cada 2 horas o después de cada baño.

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